En el enamoramiento descubrimos algo que vale más que cualquier otra cosa; descubrimos amar y querer en su individualidad, en los detalles de su ser a otra persona. Sentirse correspondidos significa advertir que lo que somos, por pobre que lo consideremos en comparación con lo que son y valen los otros, tiene valor. Lo tiene porque se lo otorga la persona amada, la que encarna en sí todo potencial valor. Ninguno de nosotros imagina ser el más bello, ni el más inteligente del mundo. Ninguna de nuestras virtudes, medidas con el metro del mundo, nos hace preferibles a los otros. Frente a cualquier criterio de valor mundano lo que somos es siempre poca cosa. Pero hay en nosotros un valor, una unicidad insustituible. En el enamoramiento esa unicidad es reconocida. El amado al amarnos, ama esa inconfundible unicidad nuestra(...) Al igual que nosotros en el amado encontramos un detalle, la curva de la boca, el olor o el perfume que usa, la forma del seno, la curva de las caderas, las manos, el modo de mirar, cierto vestido, las cosas que le gustan, los libros que lee, también él encuentra en nosotros algo que simboliza lo más bello. Y esto nos hace felices.
Francesco Alberoni.
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