miércoles, 29 de mayo de 2013
Rebelde
Un rebelde es un hombre que no vive como un robot condicionado por el pasado. No interfiere en su forma de vivir la religión, la sociedad, la cultura, ni cualquier cosa que pertenezca al ayer. El rebelde vive individualmente. No como el diente de un engranaje, sino como una unidad orgánica. Su vida no es decida por nadie más que su propia inteligencia. La fragancia de su vida es la de la libertad. No sólo vive en libertad, permite que todo el mundo viva en libertad. No permite que nadie interfiera en su vida, ni interfiere en la de los demás. Para él, la vida es sagrada, y la libertad es el valor supremo, por ella está dispuesto a sacrificarlo todo. La libertad es su Dios. El rebelde vive totalmente de acuerdo a su propia luz. El rebelde es la persona contemporánea. El rebelde se rebela en contra de lo muerto. No le da miedo quedarse sólo; al contrario, disfruta de su soledad como uno de sus más preciados tesoros. Crea su camino caminándolo, no sigue a la multitud. Su vida es peligrosa; pues una vida que no es peligrosa no es vida en absoluto. Él acepta el desafío de lo desconocido. El rebelde simplemente se despide del pasado. Por eso, el rebelde tiene que aprender un nuevo arte: el arte de morir a cada momento que ha pasado, de modo que pueda vivir libre en el momento nuevo que ha llegado. Toda vida del rebelde es un fuego que quema. Hasta el último aliento es joven, es nuevo. Ser un rebelde es la única manera de ser religioso. Un rebelde es aquel que renuncia a todo el pasado porque quiere vivir su vida de acuerdo a sus propios anhelos, de acuerdo a su propia naturaleza. El rebelde es la única esperanza para el futuro de la humanidad. El rebelde destruirá todas las religiones, todas las naciones, todas las razas, porque todas están podridas, pasadas, obstaculizando el progreso de la evolución humana. Un rebelde te respeta, respeta la vida, tiene una profunda reverencia por todo lo que crece, prospera, respira. No se coloca por encima de ti, no es más sagrado que tú, más elevado que tú, es uno entre todos. Sólo puede reclamar una cosa que sí: él tiene más valentía que tú. No puede salvarte, sólo tu valentía puede salvarte. No puede dirigirte, sólo tus propias entrañas pueden dirigirte a que realices tu vida. La rebelión es un estilo de vida. Es la única religión que es auténtica. El rebelde es un tremendo equilibrio, y eso no es posible sin conciencia, vigilancia y una compasión inmensa. No es una reacción, es una acción; no va en contra de lo viejo, sino a favor de lo nuevo. Está en contra de lo establecido. Él tiene una visión de futuro, de un nuevo hombre, de una nueva humanidad. Está trabajando para crear ese sueño, para hacerlo realidad. Si está en contra de la sociedad, es porque la sociedad es un obstáculo para su sueño. Su foco no está en los poderes fácticos, su foco está en un futuro desconocido, una posibilidad potencial. Actúa a partir de su libertad, a partir de su visión, a partir de su futuro. Su conciencia decide en qué dirección ir. Mi visión del nuevo hombre es la de un rebelde, la de un hombre que está buscando su ser original, su rostro original. Un hombre que está preparado para renunciar a todas las máscaras, todas las pretensiones, todas las hipocrecías, y mostrarle al mundo quién es en realidad. No importa que te amen o que te critiquen, te respeten, te honren o te difamen, que te coronen o te crucifiquen; porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo. Aunque te crucifiquen, tu seguirás estando satisfecho e inmensamente complacido. Sin miedo a la muerte, sin miedo a nada.
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